Ha llegado la tercera guerra mundial?

Nadie sabe cuándo y cómo será la tercera guerra pero hay muchas posibilidades que vaya a producirse entre empresas por una lucha puramente económica!

 Hace un mes, todos los titulares de noticias anunciaban los sobresaltos del juicio que enfrenta a los dos monstruos de la telefonía móvil: Apple y Samsung. Alcanzando unas proporciones inesperadas ya que este litigio es simultáneo en casi una docena de países a la vez. A saber: EE.UU, Corea del Sur, Japón, Australia, Alemania, Reino Unido, Países Bajos entre otros.

 ¿Podemos hablar del primer juicio de la globalización? Sí, porque se debate sobre licencias de tecnologías ya en el mercado y de las cuales somos usuarios millones de personas en todo el mundo.

 No solo está en juego el liderazgo mundial de la telefonía móvil, pero también cuestiones como qué se considera innovación y cómo debe protegerse para defender unas cuotas de mercado multi millionarias.

 Las dos empresas se enfrentan en los tribunales pero permanecen colaboradoras en el día a día ya que Apple sigue siendo el primer cliente de Samsung a nivel mundial, quien le fabrica entre otros componentes, sus pantallas. Aun y así, las dos se disputan el mercado del smartphone, donde Samsung es líder con el sistema de Android. Por otro lado, el mercado de las tablet sigue dominado por Apple.

 Como hemos llegado a esta situación?

Apple acusa a Samsung, entre otras, de haber copiado su diseño rectangular con las esquinas redondas o la manera de hacer el zoom separando los dedos. De hecho argumenta que Samsung cambió significativamente sus diseños después del éxito mundial del iPhone. En cualquier caso, Apple no sólo tiene una disputa legal con Samsung, está también enfrentada a HTC, Nokia o Motorola.

 El sistema de patentes americano (United States Patents and Trademark Office) permite registrar innovaciones fundamentales pero también ideas y formas de implementación y es por este de tipo de registros que hemos llegado a tal situación de guerra entre empresas y la valoración de dichas patentes. Según la Organización Mundial de la Propiedad Intellectual ( WIPO) se registran mas de 490 000 patentes al año en EE.UU.

Hemos llegado hasta tal punto que las patentes valen más que las empresas. El ejemplo que illustra esta situación fue la compra de Motorola por parte de Google o de AOL por Microsoft.

 Por ejemplo, Google acaba de patentar el desbloqueo del móvil por reconocimiento facial a partir de la cámara del móvil pero Apple también ha hecho una solicitud muy similar a esta patente. Y estamos viendo que el número de juicios por violación de patentes están creciendo cada año . Así que lo más probable es que vayamos a asistir a una carrera de las empresas tecnológicas y una lucha entre asesores legales para ser los primeros en patentar y luego poder vivir de sus royalties. Y eso sin contar con la entrada en juego de las “trolls”, empresas no tecnológicas pero que se dedican a representar investigadores, a patentar y a demandar grandes empresas y start-ups por violación de patentes. Según un estudio de la Universidad de Boston, estas empresas representan un perjuicio para la economía norte-americana de 29 000 millones de dolares.

 A diferencia de Estados Unidos, en Europa no se reconocen las patentes de software, aunque sí las “innovaciones implementadas en ordenador”. Pero, si no se protege ni el software ni el diseño, ¿que se considerará innovación en el mundo digital? Sin protección, la innovación carecerá de incentivos y hasta puede que el mercado premie más las estrategias de copia que las de mejora.

 La rapidez con la que evoluciona la tecnología amenaza con romper las costuras del sistema de patentes y es tan vertiginosa que el tiempo que tarde el más rápido de los pleitos puede ser demasiado largo para hacer justicia.

 Así que el exceso de interés económico llevará a ahogar la creatividad y la innovación que son definitivamente los grandes perdedores en esta lucha. ¿Qué hubiera sido de Internet si hubiera sido patentado? ¿Tendríamos que pagar un cuota por cada email que enviemos? ¿O quizás nunca hubiéramos entrado en la era digital en la cual estamos hoy?

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